La Cúspide del Tedio desde 2011®

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jueves, 30 de enero de 2014

love it!



A la niña que recoge capullos y entrega flores.


Amo mi vida
pero no la amo como aquellos imbéciles
que vomitan excelencia
y están llenos de autoengaño
aquellos que creen que su verdad
es única,
absoluta
irrevocable
y la lucen a la vista de todos,
porque es lo único que tienen.
-No.-
Amo mi vida
cuando me detengo a observar el tiempo
con su discreta y callada parsimonia
y me dice que las cosas
y las personas 
siguen ahí,
que no se ha perdido nada,
que no hay ni nunca ha habido
vencedores ni vencidos.
Amo mi vida
cuando camino de regreso a la tarde
con las manos en los bolsillos
y los ojos llenos de entusiasmo
y me doy cuenta
que no hay otra vida que ésta
y que desear los castillos de éter
es bastante idiota
cuando se está parado sobre esta
tierra real y verdadera.
Amo mi vida
cuando descubro las posibilidades del ahora
del ímpetu de mi voluntad
cuando avanza y corre
cuando corre y avanza,
sólo por el placer de hacerlo
independientemente de las circunstancias.
Amo mi vida
con todas sus supuestas desventajas
con toda su soledad ineludible
con el recuerdo de ella
siempre presente
amo mi vida
con todo su amor y desamor
con todos los que se han ido
por elección propia.
Me atrevo a decir hoy que amo mi vida
y lo digo como un mantra
como un statement
lo digo casi como una obligación
-aunque la palabra me cause urticaria-
lo digo como algo lógico
como lo más razonable por hacer.
Amo mi vida
porque estamos parados 
sobre hombros de gigantes
sin saberlo,
porque tantas y tantas 
vidas y esfuerzos y logros
merecen ser aprovechados.
Amo mi vida
porque hace 2500 años
un hombre en Asia encontró
el método más sensato
para liberarnos de todo,
de nosotros mismos.
Y todo eso llego hasta aquí
estando tan lejos.
Amo mi vida
cuando la calma tibia llega a veces
cuando me repito
y contradigo
y todo se desliza suavemente
sin necesidad de mover un dedo
un ápice.
Amo mi vida
porque ya no le temo a mis iguales
que son lo mismo que yo
son mi imagen en el espejo
reflejada.


Carlos Reyes López