La Cúspide del Tedio desde 2011®

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domingo, 1 de junio de 2014

a mi hija de doce años




A mi hija de doce años:

todo empieza aquí y ahora
como siempre.
en esta tarde que se parece tanto
a todas las tardes.
a la tarde de la infancia
y adolescencia
con su carga de luz
y de las mismas preguntas de 
siempre.
Te puedo decir hija
que hoy en esta tarde
que es todas las tardes
estoy solo, y pienso en ti.
Estoy solo pero estoy bien
porque a fuerza de vivir
y de la acumulación de tantos días
he aprendido algunas cosas
he aprendido a vivir,
a fuerza de la acumulación
de conocimiento y
de la ayuda de los que nos precedieron
te puedo decir:
estoy solo en esta tarde
y estoy bien.
Te puedo decir oh hija mía
que en esta tarde pienso en ti.
Ahora
en medio de la luz
tu estás en tu casa materna
haciendo esas cosas tan tuyas
a tus doce años habitas tu mundo
de descubrimiento, razón y maravilla
y eso esta muy bien,
es natural que no te interesen
estas reflexiones de adulto,
que no pases por el tedio de estas líneas
así esta bien,
y aun así te digo, hoy en esta tarde
pienso en ti.
Hoy a tus doce años
eres eslabón y portas
el fuego de la vida y la herencia
milenaria del ser humano,
eres promesa, idea y sonrisa,
a tus doce años eres lo que fui
y mucho más.
Perteneces al gran entramado de la existencia.
Eres presencia y todos los presentes.
Y así, esta tarde
te quiero y pienso en ti.
Te quiero
por encima de la escondida gratitud
hacia mis padres,
o la suave compañía de los amigos,
aun por encima
del confuso y titubeante calor de
mis amores,
aun por encima
del canto primigenio que es tu madre.
Pero no te apesadumbres hija mía
que mi amor no sea una carga
ya que si es bueno nada exige
que sea asistencia que ayuda y envuelve,
porque esta tarde que estoy solo
y que con 27 letras
hago combinaciones, uso el lenguaje
con el que disecciono, interpreto, recreo
al mundo, con el lenguaje con el cual
trato de entregarte pequeños universos,
esta tarde
en que estoy solo y estoy bien
en que descubro signos y ternura
en los ríos de rostros de personas,
mi hija querida
sonrío,
y pienso en ti.


Carlos Reyes López
Tixtla-Chilpancingo
Guerrrero, México.

Mayo de 2014.

todos los árboles son budas




Todos los árboles son budas
¿cómo lo sé? -¿cómo lo sabes tú?-
A los veinte me he dado cuenta
que estoy más sólo en este mundo
que en el vientre de mi madre
sólo en el tiempo inmóvil
sólo en el punto exacto de la noche.
Acompañamiento superfluo
por todas partes.
Sólo en mi ausencia.
Cuando era niño siempre
estuve solo
con mi abuela enferma 
del corazón
partiendo el rojo ocote en dos.
Sólo con mi madre llorando
a las dos de la mañana
por un hombre ebrio que la 
golpeó.
Lo que quiero decir:
es que me encuentro a cien
mil kilómetros de nadie
con una mochila al hombro
y un lápiz
y once libros robados
y tres cigarros que no puedo 
fumar
porque padezco de asma.


Avenida Morelos
Cuernavaca, Morelos
8 de Abril de 2014

Yosh G. Maceda

I blame you for the moonlit nights



I blame you for the moonlit sky
and the dream that died
with the eagles' flight
I blame you for the moonlit nights
when I wonder why
are the seas still dry?


Sleeping Satellite
Great Expectations
Tasmin Archer
1992
enjoy!

la conciencia de lo efímero (III)



Carta a George B. Moore en defensa del anonimato.


Nsé por qué escribimos, querido George.
Y a veces me pregunto por qué más tarde
publicamos lo escrito. Es decir, lanzamos
una botella al mar, harto y repleto
de basura y botellas con mensajes.
Nunca sabremos
a quién ni adónde la llevarán las mareas.
Lo más probable es que sucumba en la tempestad y el abismo.

Sin embargo, no es tan inútil esta mueca de náufrago.
Porque un domingo
usted me llama de Estes Park, Colorado,
me dice que ha leído cuanto está en la botella
(a través de los mares: nuestras dos lenguas)
y quiere hacerme una entrevista.
Después recibo un telegrama inmenso
(lo que se habrá gastado usted al enviarlo).
En vez de responderle o dejarlo en silencio
se me ocurrieron estos versos. No es un poema,
no aspira al privilegio de la poesía
(no es voluntaria).
Y voy a usar, así lo hacían los antiguos,
el verso como instrumento de todo aquello
(relato, carta, drama, historia, manual agrícola)
que hoy decimos en prosa.

Para empezar a no responderle,
no tengo nada que añadir a lo que está en mis poemas,
dejo a otros el comentario, no me preocupa
(si alguno tengo) mi lugar en la historia.
(Tarde o temprano a todos nos espera el naufragio.)
Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema.
Poesía no es signos negros en la página blanca.
Llamo poesía a ese lugar del encuentro
con la experiencia ajena. El lector, la lectora
harán o no el poema que tan sólo he esbozado.

No leemos a otros: nos leemos en ellos.
Me parece un milagro
que algún desconocido pueda verse en mi espejo.
Si hay un mérito en esto –dijo Pessoa—
corresponde a los versos, no al autor de los versos.
Si de casualidad es un gran poeta
dejará cuatro o cinco poemas válidos,
rodeados de fracasos y borradores.
Sus opiniones personales son de verdad muy poco interesantes.

Extraño el mundo el nuestro: cada día
le interesan cada vez más los poetas;
la poesía cada vez menos.
El poeta dejó de ser la voz de la tribu,
aquel que habla por quienes no hablan.
Se ha vuelto más otro entertainer.
Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica,
sus alianzas o pleitos con los demás payasos del circo,
tiene asegurado el amplio público
a quien ya no hace falta leer poemas.

Sigo pensando
que es otra cosa la poesía:
una forma de amor que sólo existe en silencio,
en un pacto secreto entre dos personas,
de dos desconocidos casi siempre.
acaso leyó usted que Juan Ramón Jiménez
pensó hace mucho tiempo en editar una revista.
Iba a llamarse “Anonimato”.
Publicaría no firmas sino poemas;
se haría con poemas, no con poetas.
Y yo quisiera como el maestro español
que la poesía fuese anónima ya que es colectiva
(a eso tienden mis versos y mis versiones).
Posiblemente usted me dará la razón.
Usted que me ha leído y no me conoce.
No nos veremos nunca pero somos amigos.
Si le gustaron mis versos
qué más da que sean míos/ de otros/ de nadie.
En realidad los poemas que leyó son de usted:
Usted, su autor, que los inventa al leerlos.

José Emilio Pacheco